Últimos días en LA

 

Los días siguientes luego de haber conocido a Jesica y su familia, nos la pasamos recorriendo Los Ángeles y visitando distintos lugares con Jonás de los cuales no he podido escribir nada aún.

El jueves, al otro día de encontrarnos por primera vez, agarramos la camioneta con Jonás y nos fuimos al Museo de la Tolerancia, que si bien yo no tenía ni idea de qué se trataba, pintaba bueno. Cuando llegamos (cerca de las 11 am) nos dicen que para entrar sin reservación lo podíamos hacer luego de las 2pm y como nosotros no somos tan tolerantes nos fuimos a la bosta.

En la noche del Miércoles habíamos estado viendo qué cosas podíamos hacer en LA (entre ellas flasheamos con ir a una isla en frente de Ventura/Oxnard) y una de las opcines era ir a Beverly Hills a conocer las mansiones de los más ricos de todos. Así que, una vez que fuimos echados del museo ese nos fuimos para Beverly Hills a ver cómo era la vida por esos lados. Recorrimos un rato las grandes subidas y sacamos algunas que otras fotos:

Después de eso nos fuimos al Griffith Observatory, que la verdad que si te gusta y entendés la onda del espacio está muy zarpado. A mi me gustó y eso que no entiendo un pomo. Hay muchos microscopios para ver polvo de estrellas, pedazos de meteoritos, simuladores de cosas, historia y propiedades de cada uno de los planetas y muchas cosas interesantes para leer. Hay que ir con tiempo, con ganas de leer y habiendo estudiado al menos algo. No lo pude aprovechar tanto como lo hubiese aprovechado alguien que entiende un poco.

Ese día a la noche preguntamos a dónde podíamos ir como para conocer la movida nocturna y Mario nos comentó sobre Hermosa Beach y cómo es la onda en ese lugar. Sin pensarlo mucho, como a las 10pm, nos mandamos con Jonás para allá (acá cualquier cosa te toma 45 minutos en auto o 2hs en colectivo) y llegamos cerca de las 11pm (los bares cierran a las 2am). Era como una cuadra de peatonal al lado de la playa con muchos bares, uno al lado del otro, en toda esa cuadra. Entramos en el primero que nos cruzamos y había una banda de rock tocando en dónde cantaba una flaca que tenía un shortcito (demasiado ‘cito’) agitando las gambas (de ronaldo) como loca contra el piso. Escuchamos un par de temas y nos fuimos… No había mucha onda. De hecho, nosotros éramos los que más onda teníamos.

Ni bien salimos nos metemos en el que estaba en frente que era como en un segundo piso subiendo una escalerita media angosta (no da para salir borracho de ahí). Llegamos a la cima y… karaoke!. “Listo, quedémosnos acá” -pensé. Pero claro, después de un ratito me dí cuenta que no conocía NINGÚN tema, ninguno ninguno… Así que, empezamos tomando una cerveza “Bud Light” (horrible), vimos como de la nada había 4 flacos bailando en calsones en el medio de la pista (no entendíamos nada), luego seguimos por la segunda y en el medio hablamos con algunos que andaban por ahí. Entre “Hello” y “What’s up, men?” terminamos hablando con un flaco que había estado en Argentina y unas chicas que estaban sentadas al lado nuestro. Ese flaco nos pagó una medida de un trago (onda tequila) e inmediatamente después de eso estábamos pidiendo un tema de Rodrigo al tipo del karaoke: desafortunadamente no lo conocía y lo que era peor, no tenía ningún tema. Sin embargo, eso no nos impidió agarrar el micrófono y “cantar” más o menos lo que decía la letra que aparecía en los monitores… Algo así como:

Salimos de ahí, nos metimos en un boliche de música electrónica que estaba en frente del que acabábamos de salir. Salté como un hijo de puta y cuando estaba a punto de tener un paro cardíaco decidimos salir y caminar un poco por “la cuadra” peatonal dónde estaba toda la gente afuera porque ya estaba cerrando todo. Ahí, conocimos una China con la que nos quedamos hablando bastante y no nos creía que los dos éramos Argentinos porque uno era blanco y el otro negro (que de hecho le decía que parecía árabe :P). Después conocimos una Japonesa, algunas Chilenas, Koreanos y demás. Aproveché ese momento para preguntarles a ellos si pueden distinguir entre un Chino, Japonés, Koreano y algún otro país de esa onda y me dijeron: “No siempre. A veces es difícil darse cuenta” lo cual me dejó tranquilo porque para mí son todos iguales.

Finalmente, terminamos con mucha gula comiendo un sandwich de Subway de camino a casa pensando en… Las Vegas, próximo destino.

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