Jardín Japonés

“¿Fuiste al jardín japonés?” – “¿Ya fuiste al jardín japonés?” – “¿Sabés a dónde podés ir? Al jardín japonés” – “Hay un lugar muy lindo para visitar: el jardín japonés” y muchas otras preguntas y afirmaciones del mismo estilo me hicieron sobre el jardín japonés. Yo había ido con Giulia al jardín chino (o algo así) uno de los primero días que estuve en Portland. Estaba buena la vegetación y las explicaciones de los distíntos tipos de flores y demás y al finalizar el recorrido podías entrar a una casita china en dónde te tomabas un té y transportabas a la mismísima China mientras escuchabas a un loco tocando un instrumento de una sola cuerda…

Bueh, con todo eso mente y luego de haberme cansado de escuchar las preguntas y las recomendaciones sobre el Jardín Japonés me mandé para allá. El lugar no es cerca: hay que tomarse un colectivo y después el Max. Es casi una hora de viaje aproximadamente. Igualmente, como ya había ido a caminar por ese lugar hace un tiempo, ya sabía el recorrido y pude disfrutar más del viaje que la primera vez. Entonces, cuando llegué al lugar ya estaba más canchero. Miré el mapa:

DSC_0218“Bueno, yo estoy acá. Tendría que agarrar por acá y luego doblar a la derecha en ésta y bueh, seguro que está todo re bien señalizado como siempre. Así que voy a andar bien”

Llegué a la primera intersección con otra calle y ya no sabía qué corno hacer. Sacudí un poco la cabeza y para el lado que quedé mirando, arranqué. Cuando ya me estaba empezando a doler la espalda de acarrear la mochila con la cámara y los lentes que llevaba me empecé a preocupar. No había nadie a quién preguntarle en la calle esa y no había un puto cartel que diga ni siquiera: “Usted está perdido”. Nada! Seguí caminado por la calle que doblaba, bajaba, subía y así y todo no se podía ver nada hacia adelante porque estaba completamente rodeada de árboles. En ese momento, un cartel de parada de colectivo hizo que se me dibuje una sonrisa en la cara porque, por más perdido que esté, un colectivo siempre te lleva a otro y a otro y a otro y luego a tu casa.

A lo lejos, veo una mina caminando en el mismo sentido que yo. Iba bastante rápido, así que apuré el paso hasta alcanzarla y le pregunto: “Do you know if this is the path to get the Japanesse Garden?”, media asustada me contesta: “Ah, Eh, Mh, no know”. Le hice un par de preguntas más a las que contestaba medio raro, con pocas palabras y con un acentro extraño para mi. Seguimos caminando juntos y mientras tanto yo trataba de hablarle ya que ninguno de los dos sabíamos dónde estábamos y que además ya estaba siendo bastante aburrido seguir caminando por ahí sin saber hacia dónde íbamos. Las respuestas seguían siendo raras y… el acento… también.

Pregunta que va, respuesta que viene, resulta que la flaca era Japonesa y que prácticamente no hablaba nada de Inglés. A la pronunciación le faltaban todos los alófonos (waw! qué importantes que son) -por ejemplo decía: “mitu”-, pero así y todo de alguna forma nos entendíamos y nos divertíamos. Mi inglés tampoco era de los mejores, pero creo que desarrollé una habilidad con las manos bastante buena en éstas semanas😀

Seguimos caminando hasta que finalmente encontramos el Jardín Japonés y: “Photo. Photo” se escuchó. “You. Me. There”. Y acá está la foto:

IMG_5500

 

Ahí en la entrada nos separamos. Cada uno tomó su rumbo dentro del Jardín. Yo empecé escuchando a la guía pero flashió un montón con la historia y demás que era difícil de seguir y me pareció como que estábamos mucho tiempo parados escuchando sin realmente apreciar las plantas. Así que, saqué la cámara y pianté por mi cuenta:

El Jardín Japonés, la verdad que está bueno. Me hizo acordar bastante al de Buenos Aires en algunas cosas, aunque éste es mucho más grande. Igualmente, muchas cosas no las terminé de entender. No había un lugar para transportarse a Japón como sí lo había en el Chino que había visitado unas semanas atrás. Eso no me gustó. No había forma de probar comidas o bebidas típicas de Japón. Flojo ahí. Fue como que le faltó algo ahí. Además, yo tenía otras espectativas también porque todo el mundo (conocidos y desconocidos con los que hablaba en la calle) me decía que tenía que ir y que blah y blah.

Cuando salgo del Jardín me la encuentro de nuevo a Chiemi (la mina Japonesa ésta) y seguimos hablando un poco más. Vemos que el colectivo pasaba dentro de 1 hora y decidimos volver caminando (ahora que conocíamos el camino). En la vuelta seguíamos hablando éste Inglés aborigen que los dos manejábamos muy bien. Cada pregunta y respuesta duraba como 10 minutos, era muy gracioso. Entre todo eso, la flaca, que tiene 56 pirulos y aparenta tener unos 40, me contó que está casada hace unos años con un loco de acá (Estados Unidos) que no habla Japonés y… “¿Cómo se entienden?”… “Más o menos. Como podemos”. Chau, flashié

 

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