Contactos

– ¿me darías un mate?

– Hola, sí. Yo me llamo Manuel.

Hace un tiempo, meses quizás, que vengo hablando con Muzza en diferentes oportunidades y bajo distintas condiciones sobre casualidades, coincidencias, contactos y conexiones que creo estar viviendo. Hay muchas cosas que me están pasando que se las atribuyo al estar un poco más atento que antes en varios sentidos, y esto se lo atribuyo a haber vuelto a estudiar, trabajar más la cabeza y a la actividad re-creativa que estoy haciendo. Entonces, como estoy un poco más atento que antes, conecto cosas que antes quizás no me daba cuenta que estaban relacionadas. No lo sé la verdad, pero hace unos meses que vengo comentando eso y lo comentaba así por que sí y generalmente decía: “Creo que me estoy volviendo loco” y me reía.

La vida siguió, y este tipo de cosas siguieron pasando. También he estado hablando mucho sobre las energías que nos rodean, cuáles son negativas, cuáles positivas y si nos afectan y de qué modo. Además, he pensado que he sido parte de alguna especie de transmisión de estas energías e incluso de pensamientos. Pero esto no es la primera vez que me pasa, ya lo he vivido hace unos años atrás aunque nunca le dí mucha importancia y siempre decía que era casualidad, nada más.

Hasta acá, nada del otro mundo, un tipo escribiendo en su blog que “cree haber vivido” alguna cosa media rara. Y sí, no es nada del otro mundo, eso es lo interesante: es de este mundo, en el mundo en el que vivimos nosotros. También un tiempo atrás, cuando estuve pensando fuertemente en la vida misma, las energías y las diferentes realidades tuve un flash en el cuál pude escribir algo al respecto de eso en un post. Como dije antes, hace algunos años ya he vivido alguna de estas situaciones, pero ahora creo que el contacto diario con el arte y con artistas de todas sus características ha sacado a relucir todos estos pensamientos que estaban aislados ahí adentro, quizás porque no encontraba la gente adecuada a quién contárselos, no sé.

Como para empezar desde algún lado y contar algo más o menos cronológico y rápido en lo posible, me gustaría empezar con Los tambores de Luna Llena  del pasado Domingo en la playa del Thompson, a la vuelta de casa. Éstos tambores ya son una tradición en Paraná y en el mundo, pero la verdad es que yo nunca había tenido el gusto de ir a presenciar una tocata y mucho menos de participar tocando. El Domingo a media tarde, agarré mis cosas y partí para la playa en busca de gente que no conocía para ver con qué me encontraba y ver de qué se trataban los tambores. Al llegar me encuentro con Muzza y otros 3 más. Hablamos un rato y mientras hacíamos el fuego para calentar los tambores y también para no morirnos de frío.

En el armado del fuego y la charla, llegaron 3 chicas más a la fogata que ninguno conocía. Parecía que era una reunión un tanto especial porque sólo 3 de los que estaban ahí se conocían: éramos mayoría los desconocidos🙂 . Organizamos todo para empezar y una chica llamada Malu (si no me equivoco) hizo una pequeña introducción sobre qué significa la Luna, el poder que ella tiene y la cantidad de energía que maneja. Dijo que no todo el mundo podía vivir lo que nosotros estábamos viviendo ese día estando en contacto con el agua, la arena, la vegetación, los árboles, la luna furiosa, el fuego, los tambores y el resto de la naturaleza presente y mucho menos en el medio de la ciudad, como está ubicada nuestra playa. Todo eso era parte del ritual de los tambores de luna llena.

Después de eso, todos nos presentamos y contamos porqué estábamos ahí, qué esperábamos y demás. Una pequeña introducción. En el momento que le tocó hablar a Muzza, él comentó algo así como que la luna pasada le pegó fuerte, que le pasaron muchísimas cosas y que varias no fueron tan buenas. Que le costó la luna pasada. Yo escuché atentamente su relato, pero sólo porque era Muzza. Si lo hubiera dicho cualquier otra persona quizás me hubiese distraído por otra cosa…

Empezó la música lentamente con un didgeridoo despacio y fue creciendo hasta que arrancaron los tambores con un ritmo tranquilo. Éste fue subiendo de a poco, cuando me sentí libre como para tocar algo, agarré un tambor que estaba ahí y tiré algunos golpes. El ritmo siguió subiendo  hasta llegar a un ritmo casi extremo para mí en el que no podía seguir tocando y que a la brevedad iba a “meter la pata” así que me retiré lentamente del tambor.

La tocata terminó y rápidamente la gente desapareció. Fue un éxito. Así se terminó mi Domingo.

El Lunes empezó con el pié izquierdo. Me desperté apurado para comenzar a trabajar temprano y nervioso porque tenía que hacer algunas cosas a la mañana. Sinceramente, no me gusta cortar la mañana en dos por tener que ir a hacer un trámite al centro. Ese cambio grande de contexto me mata a la hora de volver a seguir trabajando. Además, siento que siempre se me está haciendo la hora para salir, entonces no puedo concentrarme plenamente y como si fuera poco durante toda la mañana me salió todo mal. En el trabajo no me fue bien en ninguna de las dos mitades de la mañana y tampoco me fue bien en el centro. Encima, cuando me doy cuenta ya eran las 12 del medio día, yo no sabía ni siquiera qué iba a comer y a las 13hs tenía que estar en la facultad. OH SEÑOR!

Cerré todas las cosas del trabajo a las apuradas mientras me hacía una boludez para cocinar y como a las 13hs arranco viaje para la facultad. Habré llegado a las 13:15hs aproximadamente y la clase ya había empezado. Estaban repasando algo que había que llevar leído (que claramente yo no había leído) y estaban discutiendo sobre eso, matando dudas y comentando algunas cosas sobre el Graded Assignment que habíamos tenido la semana pasada. Personalmente estaba en otra. No podía concentrarme en la clase y estaba pensando en lo que me había pasado en el trabajo, en que estaba recibiendo MUCHA información en el aula y que necesitaba estar sólo durante un buen rato (esto fue a los 15 minutos de entrar al aula). Traté de quedarme ahí, de prestar atención (la clase me gusta mucho) y no pude, así que me levanté y me vine a casa. Vine pensando en muchas cosas y sobre todo en qué podía hacer para revertir la situación del mal día que estaba teniendo.

Cuando llego chateo con un compañero del trabajo y le comento que no me salía una cosa que tenía que hacer y el tipo me dice: “Hay días buenos y días malos”. ¿Cómo días y días? Dije que sólo una cosa no me sale, ¿cómo puede generalizar a un día entero?. En otro canal de chat, le comento a una amiga que me estaba saliendo todo mal y que tenía ganas de hacer algo, a lo cuál ella responde: “Yo me acostaría a dormir. Te van a salir todas las cosas mal hoy”. Wa! ¿porqué?

Terco el vago, quizo revertir la situación. Me puse a trabajar nuevamente, buscando la tarea más divertida que haya para hacer y… como no podía ser de otra forma, no encontré ninguna. Igualmente creo que no encontré ninguna divertida por lo que estaba viviendo en ese momento y cómo me sentía yo, no porque realmente no haya habido alguna. Para ese momento, cuando estaba empezando a agarrar cualquier nomás, me llama Muzza y me dice para juntarnos a tocar con todos los instrumentos en una tocada general en la casa “del Negro”. Me encantó. Era lo que iba a hacer que mi día cambie por completo.

Cerca de la hora, apronto las cosas, como algo y salgo para lo del negro. Cuando llego, estaba el negro sólo. Todavía no había llegado nadie aún😦 . De hecho, Muzza llegó 2 horas más tarde de lo que habíamos quedado. Mientras tanto estuvimos tocando algo con la guitarra eléctrica y algunas cosas más que andaban dando vuelta por la casa. En el transcurso de esas 2 horas fue llegando más gente y se iba sumando a la tocata. Estaba cada vez más bueno, pero sin embargo yo no me sentía del todo cómodo tocando la guitarra eléctrica. No sé, siento que no es lo mío, que no me gusta. Me parece re difícil.

Y así, entre tema y tema, cuelgue y cuelgue, llegó Don Muzza. Armó todas sus porquerías y largó la tocata. Tengo que decir que durante casi todo el tiempo (contadas excepciones) que toqué la guitarra me sentí mal. Pesado. Molesto. Ruidoso. Con miedo. No lo disfruté casi nada. No estuvo muy bueno. Además, sentía que me querían escuchar, que estaban pendientes del sonido de la guitarra y lo sentía muy real.

Cuando pasaron algunos temas agarré el tambor y ahí me sentí más cómodo. Igualmente, no soy bueno con el tambor. Hay muchos ritmos que se me van de las manos, pierdo el tiempo y se me pudre todo. No me pasa muy seguido, pero me pasa. Igualmente, toqué un rato, y sentía esa transmisión de energía que comentaba antes. Sentía que estábamos todos conectados, que nuestros instrumentos hablaban entre ellos transmitiendo el mensaje que nosotros les decíamos con nuestro cuerpo y eso era muy real. No sólo porque yo sentía que me llegaba información, sino porque sentía que algo que mandaba con mis manos volvía y hasta retrucado podría decir. Había una constante comunicación y bastante más pura y concreta que la hablada o escrita.

Una vez que logré ese estado, me di cuenta que estaba tocando a una velocidad que nunca antes había tocado. Que estoy seguro que no puedo tocar así queriendo. Que lo he intentado y no he podido y que además si realmente me concentraba en tocar el instrumento, me perdía. Me iba de tiempo o empezaba a perder la información que me llegaba del resto de mis compañeros, pero si tocaba inconscientemente (sólo hablando con mis amigos mediante la música) mis brazos se movían solos. Nunca me había pasado una cosa así tan evidente.

Ahí, en ese estado y aprovechando la situación y el “no haberme podido encontrar con la guitarra” decidí dejar el tambor y agarrar la guitarra con ese estado de plenitud dónde sólo tenía que sentir lo que estábamos haciendo entre todos. Prendo todo y empiezo a buscar algo acorde a lo que ellos estaban haciendo pero bajito para que no se escuche todavía, porque recién estaba probando. En ese mismo momento, siento que todos empiezan a bajar la intensidad con la que estaban tocando, como para darme pié a mí y que me luzca (si se quiere) con la guitarra, pero yo no estaba ni ahí preparado para explayarme. Estaba nervioso y más nervioso me puso esa situación. Noté como toda la información que giraba en forma con-céntrica se chocaba entre sí y hasta pareció que hubo una explosión con la que automáticamente todos dejaron de tocar y el tema se terminó. Sí, así de mal me sentí.

Con todo ese malestar encima, con toda esa energía en el ambiente, decidí irme. Ya no soportaba más estar ahí. Tenía vergüenza. Me sentía mal. Agarro todas mis cosas, pongo todo en el auto y antes de emprender la vuelta, Muzza me dice si lo puedo arrimar a la casa que es de paso a la mía. Nos vamos juntos y cuando llegamos a la casa de él nos quedamos hablamos de todo esto que “creo que me viene pasando” y de la situación particular de los tambores de luna llena, que porqué dijo que le pegó fuerte la luna y que porqué me pasó lo que me pasó en la casa del negro con la música y que también sentía que hablábamos entre todos y que… y que… Nos quedamos cerca de una hora hablando de esto.

Volví a mi casa con la cabeza en otra galaxia, pensando miles y millones de cosas. Sentía que me salía masa encefálica por los oídos, que mi cabeza iba a explotar. No podía hacer nada, estaba aturdido por todas las cosas que estaban en mi casa. Me puse a escuchar música y no lo soporté. Estaba hiper-sensitivo. No pude soportarlo y me acosté a dormir lo más rápido que pude.

Al otro día, me levanté muy relajado por suerte. Después de desayunar, voy hacia la oficina y veo que había escrito algunas cosas la noche anterior antes de irme a dormir (es algo que normalmente hago, de dónde después sale un post en el blog, un proyecto o una idea revolucionaria que va a cambiar el mundo en los próximos años) y decía: “El daño psicológico del robo es irreversible“. Lo cual me hizo pensar un rato y estar muy de acuerdo conmigo mismo. Algo que no comúnmente pasa. Interesante.

Trabajé toda la mañana. Un éxito. Arreglé muchas cosas y lo disfruté muchísimo. Hice un trámite a la mañana y me fue bien. Volví y pude seguir trabajando como si todo estuviera perfecto, como si nada hubiese pasado. También me tomé un rato para pensar y decidí no ir a la facultad, pensé en salir al sol, caminar y dedicar un buen rato a mí para estudiar todo esto que estaba viviendo. Así que, después de trabajar y comer al medio día, lo invité a Nico a tomar unos mates por ahí y dar una vuelta, pero no mucho porque pretendía seguir trabajando a la vuelta

Salí para la casa de él, dimos una vuelta y la primera y única parada fue en la costanera, al lado del río a unos metros de la fuente que se parece a un barco para algunos y no para otros. Una de las cosas que me gusta hablar con Nico es justamente este tipo de temas: “cosas del más allá”, “seres”, “conexiones”, “energías”, “religión” y delirarla y delirarla. Muchas veces salen cosas interesantes y discusiones aceptables. Le comenté todo lo que me venía pasando hace unos meses con bastante detalle y lo que me había pasado el día anterior específicamente. La transmisión de información y energía zarpada que tuve y que he tenido, en menor escala, algunas otras veces.

Buscamos algún tipo de explicación, filosofamos un rato largo y entretenido, pero con ritmo. Todo el tiempo estábamos hablando, casi que nos pisábamos entre nosotros y para ese momento aparece un tipo y dice: “¿Me darías un mate?”. Yo no había visto de dónde había venido ni nada, simplemente apareció ahí delante mío y me hizo esa pregunta, a la que contesté: “Hola, sí. Yo me llamo Manuel”, “Hola. Yo soy Diego” -me dice. Le cebo un mate y le digo: “Él es Nicolás, el dueño del mate”. Le da la mano y agarra el mate. Y agarra el mate…

… lo lleva encima de la cabeza, lo apoya sobre ésta, cierra los ojos y se empieza a inclinar mientras sostiene el mate arriba de su cabeza con la mano izquierda. Se sigue inclinando hasta formar casi unos noventa grados con su cintura. El mate se le derrama por encima de la mano y no hay ninguna reacción (el agua estaba más que bastante caliente como para que se haya pegado una buena quemada). El mate chorrea al piso. Mientras tanto yo lo miraba atentamente, fijo, intentando entender qué estaba haciendo y respetándolo como si supiera lo que hacía. En ese momento Nico pregunta: “¿Estás bendiciendo el mate antes de tomarlo?”, pero el tipo no contesta en absoluto. Un momento más tarde (ni idea cuánto pasó, yo estaba anonadado por la situación; además me sentía transportado, no escuchaba ningún ruido de la ciudad ni nada, estaba ahí metido con este tipo) se levanta y me devuelve el mate; entonces le digo: “¿Me podrías explicar lo que acabás de hacer?” -con un tono muy amable, curioso e interesado. Nunca había visto una cosa así. El tipo me mira fijo a los ojos y me dice: “Vos sabés”, da media vuelta y empieza a caminar de manera muy relajada.

Bajo la cabeza, lo miro a Nico y le digo: “Bancame”. Salgo corriendo como para alcanzarlo, le toco el hombro y le digo: “Perdoname. Necesito que me digas qué acaba de pasar. Estoy viviendo muchas situaciones extrañas en mi vida y me gustaría que hablemos sobre lo de recién. Disculpá, me estoy poniendo un poco nervioso. No sé, nunca me había pasado una cosa así. Quiero…” y me corta con un gesto levantando la mano como diciendo: “Baja un cambio” estando muy pero muy relajado. Gira un poco hacia el lado del río, cierra los ojos, apunta su visión al sol y abre un poco los brazos. Yo me quedo tieso, sin hacer nada, sólo lo miro esperando su palabra. Permanece un rato en esa posición y finalmente vuelve a girar y se agacha adelante mío, como adorándome. Se queda un rato ahí (me pareció bastante largo a mí), se levanta, da la vuelta y sigue caminando. Hace unos pasos y le grito: “Chau. Fue un gusto conocerte, pero me hubiese gustado que el mensaje sea más claro”, él gira su cabeza y contesta: “Fue un gusto conocerte” y se sigue su rumbo…

3 pensamientos en “Contactos

  1. Ines dice:

    Esto es un flash, guión de película Manu, cuando Nico me lo contó me pareció raro, pero con toda esta intro es “terriblemente raro”.

  2. Te están boludeando, y poné los pies en la tierra, aflojale a la sicosis que vas a terminar mal. Razón y voluntad.

  3. […] nos fuimos de la clase de Linguistics. Hablamos de que el día anterior, también de casualidad, me había pasado algo muy loco. Casualmente, este pibe había terminado el día anterior un libro que estaba relacionado con lo […]

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