Improvisación

¿Qué es la improvisación? ¿Qué es para vos? Deberías responderte vos mismo esa pregunta antes de seguir leyendo. Deberíamos al menos tener una idea de lo que es “improvisar” y cómo llevarlo a cabo día a día. Hasta incluso creo que nos haría más fáciles las cosas, podríamos hacer cualquier cosa en cualquier momento y lugar desconociendo totalmente lo que debemos hacer.

No sé exactamente qué decir, pero sé que puedo seguir hablando, también sé que puedo seguir haciendo algo, y que incluso puede salir mucho mejor que si lo hubiera estado pensando durante un tiempo. Creo que la improvisación es la base para todo lo demás; digo, aunque desarrollemos nuestras ideas un buen rato, la primera idea sin embargo fue improvisada y luego pensada y (quizás) modificada o re-formulada.

Los nervios, la vergüenza y la ansiedad deberían ser cosas del pasado, deberíamos poder pararnos delante de la clase, al público, a nuestro jefe o ante cualquiera y poder exponer lo que tenemos para decir. Siempre tenemos algo para decir, para mostrar o para hacer; aunque no lo hayamos preparado. Incluso se puede empezar a hablar y mientras uno va hablando darse cuenta que va cambiando su forma de pensar sobre la marcha con respecto a un tema en particular, por el hecho de irse escuchando a uno mismo.

Es hacer, es aprender, es probar, es divertirse, es jugar, es crear, es infinito. Una inmensa cantidad de cosas se combinan cuando alguien improvisa. Pero claro, no es fácil, nadie dijo que sea fácil, pero tampoco nadie dijo que sea imposible. En cambio, lo único que se necesita es práctica. Nada más. No se estudia, no se adquiere, no se repite: se practica.

Incluso, se practica todo el tiempo. Por más que seamos grandes improvisadores en diversas áreas, toda nueva improvisación es una práctica más: nadie sabe lo que va a pasar, ni siquiera uno mismo, quién está improvisando. Entonces, me pregunto: ¿cómo funciona esto? ¿cómo es que estoy haciendo algo sin saber qué es lo que estoy haciendo? ¿cómo hago para guiar a mi cuerpo para que pinte, por ejemplo, algo que no sé que voy a pintar?.

¿Y si estoy actuando? Uff! y si incluso hay más gente: ¿cómo hacemos para coordinar entre todos la improvisación de todos? Esto me hace pensar en que actuamos (obramos) más rápido de lo que nuestro cerebro puede procesar. Me hace pensar en que es una forma diferente de pensar. Donde rigen otras reglas, donde necesitamos otras estimulaciones más allá de las tradicionales. Wow! se me vino a la mente: zapar. Imaginate una banda de 6 o incluso más, todos zapando, improvisando. Empieza uno, otro se engancha, arranca la guitarra, otro tambor, uno canta y demás. Todos juntos, sin saber lo que hace uno ni tampoco lo que va a hacer el otro y sin embargo generar una melodía, o hasta incluso el mejor tema de la banda.

Es mágico, no se me ocurre otra cosa. Es un intercambio energético increíble entre los actores en sí y el mismo público. Además eso, la improvisación que se está dando y estamos viendo, puede ser graciosa, puede gustar, puede ser interesante, puede ser rápida y más de uno dirá: “Estuvo rápido ahí: ¿cómo hace para que se le ocurran tan rápido esas cosas?” Pero, ¿estamos seguro que esas cosas se le ocurrieron a alguien?

De hecho, ¿te preguntaste quién pensó todo lo que acabás de leer?

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