¡No he muerto!

 

Lentamente desperté. Perdido en un lugar conocido, ido. Casi aturdido. Como si gran parte de mi interior hubiese sido sustituido. Un poco asustado, recorro mi alrededor de forma precisa con la mirada. Ahogado de luz, parecía que había estado durmiendo décadas. Empecé a pensar si había tenido un accidente, quizás con pérdida de memoria ya que cada segundo que pasaba iba re-descubriendo las cosas que me rodeaban. Todo era conocido, pero por alguna razón había quedado en el olvido.

Ya casi cuando estaba recobrando la conciencia y me empezaba a sentir menos aturdido, me doy cuenta que deambulando por ahí estaba mi jefe -una persona de más común, aunque un tanto especial en algunas ocasiones- calentando agua para el mate y con esperanzas de hacer una foto. Una buena foto. Una de esas fotos que ya tenés en la cabeza y lo único que hay que hacer es acomodar las cosas y presionar el botón. Ya está todo pensado, perfectamente ubicado y balanceado.

Mientras él sale hacia el patio, yo espero adentro, mirando el agua que él había puesto con una sensación como si se me estuviera haciendo agua la boca mezclado con una especie de escalofríos. Temor. “¿Hará cuánto que no pruebo un mate?” – me pregunté- y pensaba en lo hermoso que era esa época… Aunque la noción del tiempo era totalmente un abismo. La nada misma. De momentos no recordaba dónde me encontraba, no sabía qué día era, qué hora ni hace cuánto estaba “¿muerto?”.

¿Quién sabe? Debía hacer fuerzas para empezar a recordar algo al menos. Debía buscar alguna información a mi alrededor, pero me costaba mucho moverme. Empecé a pensar que realmente hacía un buen tiempo que estaba “muerto” porque me dolía todo el cuerpo y era de más complicado moverme; a tal punto que ni siquiera pude hacerlo. Comencé lentamente con la cabeza, como para ir acostumbrándome. Al girar la mirada, me encuentro con una caja. Algo extraña: azul, de aproximadamente mi tamaño y con unos escritos en otro idioma.  Quizás un poco más pequeña, pero no puedo asegurarlo ya que las dimensiones tampoco eran fácil de manejar.

Intento agudizar la vista para poder leer lo que decía. Logro enfocar e identifico el idioma Portugués por un acento característico de este: “ç“. Sin embargo, no logro descifrar ninguna de las palabras escritas y encima, recuerdo únicamente la primera: “ampola“. Mientras intentaba seguir leyendo lo demás, aparece mi jefe, se ceba un mate desde la pava y cuando le intento empezar a hablar, forzando las cuerdas vocales, lo toma rápido, media vuelta y se va de nuevo al patio. Pero esta vez con la cámara de fotos que agarra de camino a la salida. Estaba con esa foto. Dibujando. Plasmando su imaginación en un visor.

Yo sigo con mi misión: re-descubrir dónde estaba y qué me había pasado. Vuelvo la vista a la caja azul. Enfoco, intento leer, casi que logro delirar algunas palabras más e identifico algo así como “reposisão” o similar. Empiezo a pensar que estaba arreglando algo en el patio, que no era simplemente la foto, sino que había algo más, que intentaba que yo no lo vea, que no me entere. Como si estuviera tramando algo. Sospecho, pero tampoco podía hacer mucho ya que me era casi imposible moverme.

Como si fuera poca mi preocupación sobre mi identidad y desorientación, escucho que el agua comienza a hablar, avisando que estaba a punto caramelo para los mates que ya había empezado a cebarse mi jefe. No puedo hacer nada, no quería que se le hierva el agua, pero tampoco tenía forma de avisarle ya que él estaba en el patio y yo en la cocina. Mis cuerdas vocales no estaban ni cerca de poder llegar a tal volumen como para que me escuchara. Pensaba: “Qué feo que es tomar el primer mate y que pase bien (debido a que la yerba estaba casi fría de la primera cebada) y después mandarse el segundo confiado y quemarse hasta el tuje”; “¿Qué hago?”

Sin darme cuenta, mi jefe vuelve del patio, saca la pava del fuego y me agarra. Lo miro. Nos miramos. Me dice: “Gracias por volver”. Me da un abrazo y me vuelca un litro de agua a punto caramelo + 1 por la boca y esta cae como una piedra hasta el fondo de mí y se revuelve. Antes de que me de cuenta que me estaba quemando vivo, empiezo a sentir una sensación hermosa, como nunca antes había sentido. Me doy cuenta que me empiezo a llenar de esa sensación, que quiero más y más. Justo cuando estoy completo se corta esa hermosa cascada de agua que caía hacia mí. Recobro rápidamente los sentidos, lo miro fijo a mi jefe, le doy mi primer abrazo de vida y le digo: “¡Gracias! ¡No he muerto!”

 

Dedicado al Señor Misterioso que lleva una Melódica en sus manos…

2 pensamientos en “¡No he muerto!

  1. Qué pedazo de viaje!! xD
    Me quedé con toda la intriga de lo que está en el patio nomás.
    Abrazo

    • humitos dice:

      Jajaja!

      Éste fue el texto que dejé en las mesas de El Coleguilla Bar, en la función “Luces” de anoche de Circulando Circo Callejero.

      No sé qué clase de persona sos, si de las que les gusta quedarse con la intriga o de las que no; si sos de las que no, nos podemos juntar a charlar un rato. Personalmente, a mí me gustaría recibir un poco de feedback sobre esta historia🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: