“Alta cresta”

… -se escuchó a lo lejos; y nuevamente después de unos cortos segundos, el silencio-

Después de una mañana de idas y vueltas, ya cansado de que las cosas no estaban yendo para dónde había pensado, decidió cambiar. Esa misma mañana, había escuchado repetidas veces las frases “Siente, vive” y “Siempre libre” en la letra de una canción; quizás haya sido eso lo que influyó a su decisión.

Terminando de revisar con calor la correspondencia y habiendo recibido “no” muy buenas noticias, hizo llegar un mensaje, agarró sus cosas y se marchó caminando, tranquilo, sin apuro y hasta pensando en que ya se estaba relajando. Ya se empezaba a sentir un cambio.

Aunque no era muy largo el camino y no tardó mucho en llegar, cruzó máquinas, árboles, autos,  palmeras, personas, tubos, gente, al almacenero, unos cuantos perros, cemento y hasta incluso una enredadera. Para ese momento, cuando estaba cruzando la enredadera, notó que la puerta de la casa hacia la que se dirigía estaba abierta y también una persona en su presencia; indicando dónde empieza “el afuera” y dónde “el adentro”.

Se relajó aún más, quizás pensando en que lo estaban esperando y posiblemente ya había muchas ideas circundando en el espacio. Sin apuro y manteniendo la misma tranquilidad con la que venía, llegó, saludó, entró y terminó de saludar a las demás personas dentro.

Sutilmente cambiaron de habitación para no molestar a los demás y tampoco a ellos mismos. Un lugar dónde puedan estar de forma homogéneas y concentradas las energías y no mezcladas entre sí.

Como si fuese lo más natural del mundo, quien recién llegaba a la casa explica cuáles era los pensamientos (influidos por una inimaginable cantidad de cosas) que se cruzaban mientras iba caminando. Acordaron lo charlado y arrancaron.

“¿A ver la máquina?” -dice quien iba a hacer de peluquero. Después de haber abierto la caja, le enseña todas las piezas, le muestra las medidas de los cortes y entre los dos acuerdan qué medidas iba en cada sector, pensando… Pensando en que ninguno de los dos tenía ni idea cómo iban a quedar esos pensamientos plasmados minutos más tarde.

Manos a la obra. “El cliente” corre el almohadón, camisas y demás cosas colgadas de la silla y se sienta. Empiezan a moverse las cuchillas, ya filosas y aceitadas; lista para cortar pelo. Se escuchan los “trit trit trir” de los pelos siendo apuñalados por la máquina y se los empieza a ver caer al suelo.

Sin que pase mucho tiempo, “El peluquero” comienza a ver lo que se imaginaba como resultado final y comentando: “Mmm…”. Después de unos retoques más, ya más relajado y sintiendo que no había de qué preocuparse y habiendo sido motivado al ritmo de: “Jugá”; comienza a relajarse y se dispara la primera charla Peluquero-Cliente. La que se desarrolló por no más de 5 minutos.

Ya pasados estos, y habiendo tomado más confianza, arranca la segunda charla con un poco más de emoción que la primera y en este caso habiendo sido propuesta por la otra parte. Sin darse cuenta, como ahora mismo, para cuando terminó esa charla (que probablemente haya ido derivando y volviendo a esta continuamente) el corte ya había terminado, y es más, ya estaba terminado. Sin retoques, sin excusas, sin críticas. ¡Hecho!

Con el ruidito del triturador de fondo, se barre el piso para quitar los restos y comienza una nueva conversación. En esta oportunidad incluyendo al resto de las personas de la sala de espera y hasta te podría decir que como grupo, en vez de como Peluquero-Cliente (o viceversa). Conversación que no llevó demasiado tiempo tampoco. Quizás por la ansiedad que la misma provocó. Quizás porque no era el momento de charlarlo sino que era el momento de hacerlo. Quizás por alguna de las inimaginables cosas que influyeron en los pensamientos del caminante. Quizás…

Finalizado el trabajo, finalizada la conversación, decide juntar sus cosas y partir. Vuelven a la primera habitación, pasando por la misma ruta por la que ingresó a ella. Abre la puerta, se despide y emprende su “nuevo camino a casa” sintiendo el viento por los laterales seguido de una sensación de frescura única…

“Alta cresta”… -se escuchó a lo lejos

(*) basado en una historia real: Foto1Foto2Yapa

5 pensamientos en ““Alta cresta”

  1. Muy buen post, Humos!

    Y, sin dudas, alta cresta! jeje😀

  2. andrea dice:

    la yapa es la mejor!!! jijij alta crestaaa eh!!!

  3. Muzza dice:

    jajajaj muy bueno, esto me dispara muchas ideas a la vez casi al punto de no poder entenderlas, alcanzo a poner atención en una de ellas y dice:
    Maravilloso lo que una simple frase puede generar, otra dice, mira si la hubieses callado…
    …cuantas cosas callamos o tapamos las cuales nadie sabrá nunca que pudieron haber generado.

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